Hasta siempre, Diego

Hoy es el último día de Diego Graglia, el editor general de Expansión, la revista en la que trabajo desde hace tres años.

Los motivos por los que llegué los he contado antes, así que no ahondaré en detalles.

Diego era como una especie de ser supremo o celeste que los editores utilizaban repetidas veces —debería decir, utilizábamos— cuando no teníamos el valor suficiente para decir que un texto no estaba bueno o que una propuesta de tema no nos gustaba.

“A Diego no le gusta la voz pasiva”, “a Diego no le gustan los verbos compuestos”, “Diego cree que no tiene suficiente balance”, “Diego piensa que no está el enfoque” son solo algunos ejemplos.

Aunque hay veces que, en efecto, era verdad.

A Diego lo conocí un día que fui a firmar contratos a Mordor (Constituyentes). Era y sigue siendo un tipo de pocas palabras. Por todo lo que me habían dicho, y porque físicamente me recordaba a un jefe al que creía que no le caía muy bien, quise pasar desapercibida.

Entre la emoción por ser periodista por primera vez y el poco dinero que tenía para pagar la renta, me puse a decir que sí a todas las asignaciones que me ponían los editores, incluso de temas que no me gustaban. Así que no logré ser invisible por mucho tiempo.

Pasé de hacer cosas impublicables y horrendas, a “cosas que le gustan un poco a Diego”. Creo que fue un paso grande.

El momento más extraño fue cuando uno de mis editores me dijo que Diego había preguntado: “¿Quién es esa Carmen Murillo que ahora sale en todas las notas?”. (En tono argentino, obvio).

Esa noche soñé que iba a la redacción y de repente comenzábamos a bailar Lucy and the Sky with Diamonds, de los Beatles. Eso nunca ocurrió, pero sí bailamos Dancing Queens junto con Dorothy, en la que fue su última fiesta de cierre de 500 (la edición terrorífica de las más terroríficas porque es tan gorda como tres o cuatro revistas juntas).

Tristemente no hay un video de eso.

Cuando me conoció, creo que se sorprendió de lo joven que era y de lo poco que sabía. Nunca se lo pregunté.

Meses más tarde, asistimos juntos a una entrevista con el director de Jumex, la primera portada que ayudé a reportear. Creo que a Diego le dio risa cuando en la conversación con el CEO, solté esta frase cuando contaba cómo era la relación con sus competidores que querían comprar a Jumex.

—¿Es como un ligue de secundaria? —dije con mi voz de Tooth, el castor de Kissyfur.

—Sí, algo así, contestó el señor, que fue muy amable a pesar de mi intervención.

En abril, en mi cumpleaños 25, recibí la invitación para ser editora freelance de la sección Estrategias. Creo que siempre le agradeceré a Diego haber confiado en mi y tenerme la paciencia todas las veces que se enojaba por que no se cumplía el enfoque o porque las notas no le gustaban.

Yo también me enojé con él muchas veces, pero ya quedó atrás.

Diego me mostró que el periodismo de negocios no es aburrido ni vendido. Puede ser original, narrativo e incluso con sentido del humor.

La salida de Diego es de alguna forma el cierre de una era en la revista y de la que ha sido un gran honor formar parte.

Son tiempos difíciles para los soñadores y para la industria editorial. Dudo que volvamos a encontrarnos, quizá me equivoco, pero fue un gran gusto conocerlo.

En fin. Lo más triste es que ya no podré usar el pretexto “es que a Diego no le gusta”.

Ya me inventaré otra cosa.

Lo más padre de todo esto, es que Diego me deja su moto, así que ahora seré periodista motorizada 🙂

Ya les contaré cuando me rompa el hocico.

EXP-PORTADA EXP DIEGO

 

Esta es la portada que le hicimos 🙂

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